Tu empresa toma decisiones tecnológicas todas las semanas. Qué CRM contratar, cómo
cobrar online, qué hacer con la inteligencia artificial, cómo proteger los datos de
los clientes, qué herramienta de RRHH elegir, si conviene migrar el ERP, cuánto
invertir en ciberseguridad, qué hacer cuando se va el responsable de informática.
Cada una de esas decisiones tiene impacto directo en tus costes, tu seguridad y tu
competitividad. Y, sin embargo, hoy las tomas casi siempre en una de estas cuatro
situaciones: te las recomienda el proveedor vinculado con un producto concreto; las
externalizas a una consultora grande que te cobra una fortuna y te manda a un junior;
las resuelve un freelance técnico que ejecuta pero no diseña la estrategia; o, en el
peor de los casos, las improvisa quien tiene tiempo en ese momento.
Para tu fiscalidad tienes un asesor fiscal. Para tus contratos, un abogado. Para tu
contabilidad, una gestoría. Para tu tecnología — que probablemente es hoy un
porcentaje mayor de tu coste y de tu riesgo que cualquiera de las anteriores — no
tienes a nadie equivalente.
Eso es exactamente lo que yo hago.